Uno de los desafíos más grandes que tenemos las mujeres con respecto a nuestro cuerpo es la comparación.
Esta es más gorda que yo, está es más flaca que yo, aquella tiene mejores senos qué yo, se le ven mejor las nalgas qué las mías, tiene el cabello más bonito que el mio, en fin la lista es infinita.
Lo que pasa cuando te comparas es que esa voz en tu cabeza no acepta tu cuerpo, por eso te dice que todas tienen mejor o peor cuerpo que tu.
No conoces bien a tu cuerpo, no sabes como es, no lo has mirado objetivamente y en el fondo odias tu cuerpo.
No es para juzgarte o recriminarte, porque si te das cuenta todo en la publicidad está hecho para que esto pase, todas las campañas publicitarias, los comerciales están arreglados para que las mujeres deseemos cuerpos qué no existen y odiemos nuestros cuerpos reales.
¿Qué hacer?
1. Darte cuenta de tus pensamientos de comparación:
Parece la más fácil pero es la más desafiante porque si yo te pregunto si tu te comparas, tu respuesta inmediata es: noooo para nada, aunque en el fondo sabes que si.
Entonces lo primero es reconocer que si me comparo, qué en el fondo hay partes de mi cuerpo que odio. La mejor forma de transformar algo dentro de nosotras es reconocerlo primero.
2. Observar cómo te comparas
Con que mujeres?, en qué lugares?, te vas a dar cuenta que es un pensamiento repetitivo, qué te comparas con más frecuencia de lo qué creías.
3. Conoce tu cuerpo
Obsérvalo, mírate al espejo, tómate fotos, sin poses, sin filtros, conócete, conoce como eres.
4. Una dosis de realidad: somete tus pensamientos a la realidad
¿De verdad quieres tus senos de esa forma o tamaño?
¿De verdad deseas cambiar tu cuerpo o es solo la presión qué sientes de que tu cuerpo no es adecuado?
¿De verdad no te gusta tu cuerpo?
La mayoría de las imágenes que consumimos tienen distorsión digital. Recuerda que compararte con un pixel editado es una batalla perdida de antemano.
5. Acepta tu cuerpo
Ojo! que aceptarlo es saber que tengo cosas lindas y otras no tanto, eso es ser humanaaaaa.
Ser humana es ser imperfecta, estamos vivas y en constante cambio. Lo perfecto son las cosas y nosotras somos humanas.
Entonces conoce tanto tu cuerpo que sepas cuáles partes te gustan y cuáles no tanto y las que te gustan, cultívalas, embellécelas y las que no te gustan conócelas y acéptalas para que sepas cómo potenciarlas y amarte cada vez más como eres.
Aceptar que somos humanas e imperfectas es un acto de rebeldía en un mundo que nos quiere editadas. Cuando no logramos esta aceptación, vivimos en un estado de guerra interna contra nosotras mismas que nos agota profundamente.
Para quienes somos madres, ese odio hacia el cuerpo que «cambió» tras el embarazo o esa frustración por no encajar en el canon de la «madre fit», se convierte en una carga mental silenciosa. Ese agotamiento acumulado por intentar cumplir estándares imposibles es, muchas veces, el combustible que detona la rabia materna.
Es difícil ser paciente con tus hijos cuando no eres compasiva con tu propio envase. Sanar la relación con tu cuerpo es también sanar el clima emocional de tu hogar.

